La butaca sigue dedicada al arte de actuar en el cine, en su tercera entrega, rindiendo homenaje a interpretaciones del séptimo arte que dejaron huella. La actuación puede variar en registro. Una buena interpretación muestra matices; sin embargo, una actuación extraordinaria alcanza un nivel donde resulta imposible distinguir dónde termina el personaje y comienza el intérprete.
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Vivien Leigh en Un tranvía llamado Deseo(1951)
Aquí no hubo interpretación. Blanche DuBois fue Vivien Leigh.
La actriz dejó pedazos de sí en una actuación legendaria, marcando un epicentro emocional demoledor en la película. A menudo, esta interpretación queda opacada por su papel en Lo que el viento se llevó. Sin embargo, en esta obra se encuentra en una etapa madura, con una técnica depurada que le permite explorar la psicología del personaje con precisión.
Su formación en el teatro clásico inglés se refleja en una construcción que combina melancolía, refinamiento y decadencia. Leigh construye un personaje que intenta sostener una apariencia mientras se desmorona internamente.
Por esta actuación obtuvo el Oscar a mejor actriz, en una decisión prácticamente unánime.
Dustin Hoffman en El graduado(1967)
La interpretación de Dustin Hoffman como Benjamin Braddock marcó una generación.
Se trata de una actuación donde el actor se mimetiza con el personaje. Domina la incomodidad, utiliza pausas largas y sostiene una mirada vacía que transmite el vacío existencial del protagonista.
Además, esta interpretación es vista por muchos críticos como el punto de quiebre que dio paso al cine moderno, dejando atrás las formas del viejo Hollywood.
Hoffman no ganó el Oscar, pero estableció un nuevo molde actoral.

Anne Bancroft en El milagro de Ana Sullivan(1962)
Anne Bancroft construye un personaje desde la intensidad física y emocional.
Su actuación es visceral. No apela a la lástima ni a la simpatía fácil. Por el contrario, presenta a una figura dura, marcada por su propia historia, que enfrenta el desafío de educar a Helen Keller.
La actriz utiliza silencios tensos y una presencia dominante para transmitir una lucha constante entre control, frustración y determinación.
La Academia la premió como mejor actriz, en una interpretación que sigue siendo considerada una de las más potentes del cine.
George C. Scott en Patton(1970)
Arte de actuar en el cine : Hay actuaciones que definen una carrera. La de George C. Scott en Patton es una de ellas.
El actor no interpreta al personaje: lo encarna. Su construcción es intensa, sin suavizar defectos ni caer en caricaturas. Cada gesto, cada tono y cada silencio construyen una figura imponente.
El famoso monólogo inicial es una muestra clara de su dominio escénico. En pocos minutos establece el tono de toda la película.
Scott ganó el Oscar, aunque lo rechazó públicamente, argumentando que el arte no debía competir.
Cuando el actor desaparece
Las interpretaciones mencionadas tienen algo en común: trascienden la técnica.
En estos casos, el actor desaparece y solo queda el personaje. Ese es, quizá, el punto más alto del arte actoral.
Las actuaciones aquí comentadas parten del amor al cine y del oficio creativo en su máxima expresión.
La invitación es clara: descubrir o volver a ver estas obras. Porque en ellas no solo hay historias, sino verdaderas lecciones sobre el arte de actuar.
Héctor Badillo
Director del Instituto Universitario de Seguros
Director General de IUSRADIO
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