Cambio climático y seguros:un huracán destruye tu casa. Un incendio forestal arrasa tu negocio. Una inundación inutiliza tu vehículo. Lo primero que piensas es que para eso tenías un seguro. Lo segundo, en muchos casos, es descubrir que ese evento específico no estaba cubierto. El cambio climático no solo está generando más desastres. Está obligando a las aseguradoras a reescribir sus pólizas, excluir riesgos que antes cubrían y subir precios en zonas que antes eran consideradas seguras. Y la región más desprotegida del mundo frente a eso es, precisamente, América Latina.
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El dato que lo resume todo
En la última década, los desastres naturales provocaron pérdidas por 100.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe. De ese total, solo 19.000 millones estuvieron cubiertos por seguros.
Eso significa que el 81% de las pérdidas las absorbió quien las sufrió directamente. Sin indemnización, sin respaldo, sin recuperación rápida. América Latina tiene la segunda brecha de protección aseguradora más alta del mundo, apenas por detrás de Asia.
A nivel global el panorama tampoco es alentador. Durante 2025, las pérdidas económicas por desastres naturales alcanzaron los 260.000 millones de dólares. Las pérdidas aseguradas ese año fueron 127.000 millones, superando los 100.000 millones por sexto año consecutivo. Las aseguradoras están pagando más que nunca, pero todavía cubren menos de la mitad del daño real.
Por qué las pólizas están cambiando
A medida que el cambio climático intensifica la frecuencia y severidad de los desastres naturales, la industria aseguradora enfrenta un desafío cada vez más complejo: cómo seguir siendo relevante al mismo tiempo que protege personas, activos e infraestructuras críticas.
La respuesta del mercado está siendo doble. Por un lado, las primas suben en zonas de alto riesgo. En California, Florida y partes de Australia, varias aseguradoras directamente dejaron de ofrecer cobertura de hogar. En América Latina, las zonas costeras y aquellas con historial de inundaciones o sequías están viendo cómo sus pólizas se encarecen o sus coberturas se reducen.
Por otro lado, las exclusiones se multiplican. Las pérdidas aseguradas por catástrofes naturales aumentan entre un 5% y un 7% anual a nivel mundial, impulsadas por la mayor frecuencia e intensidad de tormentas, inundaciones, incendios y sequías vinculadas al cambio climático. Cuando el riesgo sube, las aseguradoras ajustan o eliminan coberturas para mantener la ecuación financiera.
El caso de Argentina: la sequía que el seguro no pudo absorber
Cambio climático y seguros: en 2023, Argentina sufrió una sequía histórica. La pérdida económica superó los 20.000 millones de dólares, afectando duramente al Producto Bruto Interno. A pesar de que solo una parte de las pólizas de seguros agropecuarios cubría el riesgo de sequía, los siniestros consumieron el 92% de las primas emitidas por las aseguradoras en ese ramo.
Ese número dice todo: el sistema absorbió casi todo lo que tenía para dar y aun así no alcanzó. El campo argentino perdió 20.000 millones. El seguro cubrió una fracción. El resto lo pagó el sector, el Estado y los productores que no tenían con qué.
Qué está pasando con las coberturas en 2026
El primer trimestre de 2026 en América Latina confirmó la importancia de gestionar riesgos recurrentes, no solo grandes catástrofes. Las inundaciones se ubicaron entre las afectaciones más costosas. Colombia registró el evento más costoso del trimestre, con pérdidas estimadas en 2.200 millones de dólares. Los incendios forestales en Chile y Argentina generaron pérdidas por 150 millones de dólares.
Y eso fue antes del terremoto de Venezuela del 24 de junio.
La industria aseguradora está en un punto de inflexión. Los principales desafíos son mejorar los modelos de riesgo climático frente a eventos más frecuentes y severos, desarrollar soluciones que amplíen el acceso a la cobertura, integrar estrategias de prevención y adaptación como parte del negocio asegurador, y colaborar con gobiernos para reducir la exposición sistémica.
Lo que viene: seguros paramétricos y colaboración con el Estado
Cambio climático y seguros: para reducir la brecha de protección, los especialistas recomiendan marcos de colaboración entre administraciones públicas y el sector asegurador, como el Consorcio de Compensación de Seguros que existe en España y que indemniza siniestros extraordinarios. También destacan la importancia de los seguros paramétricos, que ofrecen una respuesta rápida y eficiente ante desastres climáticos al realizar pagos automáticos basados en parámetros medibles como la velocidad del viento, la cantidad de lluvia acumulada o la magnitud sísmica.
Para el asegurado latinoamericano, el mensaje práctico es claro: revisar la póliza antes de que ocurra un desastre, no después. Verificar si la cobertura incluye inundaciones, sequías o sismos. Consultar si existen exclusiones por zona geográfica. Y, si la póliza actual no cubre los riesgos reales del lugar donde se vive, buscar una que sí lo haga.
El cambio climático no va a pausarse mientras las aseguradoras actualizan sus productos. Quien espere para revisar su cobertura puede descubrir, como tantos en América Latina en la última década, que el seguro que tenía no era el que necesitaba.
La información surge de Aon Climate and Catastrophe Insight 2026, Sustentabilidad Sin Fronteras, MAPFRE Economics, Bloomberg Línea y 100% Seguro (2025-2026).




