Migración inteligente: Durante los últimos meses gran parte del debate sobre la reforma del mercado asegurador argentino se ha concentrado en una pregunta: ¿qué debemos cambiar?
La respuesta comienza a ser relativamente clara.
Necesitamos abandonar un esquema normativo concebido hace más de medio siglo, diseñado para una economía cerrada, inflacionaria y fuertemente intervenida, para evolucionar hacia un mercado abierto, competitivo, sustentado en la técnica aseguradora, con capital basado en riesgos, supervisión moderna y reglas alineadas con los estándares internacionales.
Sin embargo, existe una segunda pregunta que hasta ahora ha recibido mucha menos atención y que, probablemente, sea igual o más importante.s
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¿Cómo implementamos esa transformación?
Porque las grandes reformas no fracasan necesariamente por el contenido de las leyes.
Muchas veces fracasan por la forma en que se las intenta aplicar.
Cambiar el paradigma no significa cambiar todo el mismo día
Migración inteligente:Resulta tentador pensar que una nueva ley debería entrar en vigencia y reemplazar inmediatamente todo el sistema existente.
Sin embargo, la experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario.
España necesitó varios años para implementar Solvencia II.
México desarrolló un prolongado proceso de adaptación antes de exigir plenamente su nuevo régimen prudencial.
Brasil avanzó mediante reformas sucesivas.
Chile continúa desarrollando progresivamente su supervisión basada en riesgos.
Incluso Estados Unidos, que nunca adoptó Solvencia II, incorporó gradualmente el capital basado en riesgos y el ORSA.
Ninguna de estas jurisdicciones recurrió a un “Big Bang” regulatorio.
Todas comprendieron que modificar la legislación es apenas el comienzo de un proceso mucho más amplio.
La industria tampoco parte desde cero
Existe otro aspecto que suele pasarse por alto.
Las compañías aseguradoras argentinas no eligieron operar bajo el régimen actual.
Durante décadas administraron sus negocios conforme al marco regulatorio que el propio Estado diseñó.
Construyeron procesos, sistemas, inversiones, estructuras de capital y modelos de supervisión compatibles con ese esquema.
Pretender que todo ello cambie de manera inmediata sería desconocer la propia historia regulatoria del mercado.
La transición no debe interpretarse como una concesión a las compañías.
Debe entenderse como una condición necesaria para que la reforma resulte exitosa.
Una propuesta de migración inteligente
Migración inteligente: la solución no pasa por postergar indefinidamente la modernización.
Tampoco por imponerla de manera instantánea.
Existe un camino intermedio.
Una migración inteligente.
Un esquema donde las entidades que primero acrediten estándares modernos de solvencia, gobierno corporativo, gestión integral de riesgos, transparencia y capacidad tecnológica puedan incorporarse voluntariamente al nuevo régimen.
A cambio, accederían también a mayores grados de libertad regulatoria.
Libertad de inversiones bajo principios prudenciales.
Eliminación de la aprobación previa de productos.
Mayor autonomía para innovar.
Supervisión basada en riesgos.
Reducción de cargas burocráticas.
En otras palabras, más libertad para quienes demuestren mayor responsabilidad.
Las entidades que aún no alcancen esos estándares continuarían transitoriamente bajo el régimen vigente, ejecutando planes de adecuación supervisados por la autoridad de control.
La regulación dejaría así de funcionar exclusivamente mediante restricciones para comenzar a operar mediante incentivos.
Seis años para transformar un mercado
Una transformación de esta magnitud requiere tiempo.
No por falta de voluntad.
Sino porque involucra cambios jurídicos, contables, actuariales, tecnológicos y culturales.
Por ello, un horizonte de aproximadamente seis años parece razonable para la Argentina.
Durante ese período deberían convivir tres procesos simultáneos.
El primero, una profunda limpieza regulatoria que elimine cientos de resoluciones incompatibles con el nuevo paradigma.
El segundo, la implementación progresiva de la supervisión basada en riesgos y del capital basado en riesgos.
El tercero, la migración voluntaria de aquellas entidades que decidan anticipar su adecuación.
Finalizado ese plazo, todas las compañías deberían operar bajo un único régimen moderno.
Quienes no logren adecuarse deberán capitalizarse, fusionarse, transferir cartera o iniciar un proceso de salida ordenada.
Una oportunidad para cambiar también la forma de regular
La verdadera innovación de una nueva Ley de Seguros no consiste únicamente en modificar normas.
Consiste en modificar la forma en que el Estado regula.
Durante décadas la regulación argentina se apoyó principalmente en autorizaciones previas, controles formales y procedimientos burocráticos.
El futuro parece ir en otra dirección.
Más supervisión técnica.
Menos burocracia.
Más incentivos.
Menos autorizaciones.
Más responsabilidad empresaria.
Menos intervencionismo administrativo.
En definitiva, la discusión ya no pasa solamente por redactar una buena ley.
El verdadero desafío consiste en construir un camino inteligente para llegar hasta ella.
Porque las mejores reformas no son necesariamente las más rápidas.
Son aquellas que logran transformar definitivamente la realidad sin perder de vista el objetivo que les dio origen.s





