El Gobierno de Guatemala decretó este domingo el estado de sitio a nivel nacional, como respuesta a una grave escalada de violencia atribuida a estructuras del crimen organizado y pandillas.
La acción se enmarca en un contexto influenciado por ataques contra fuerzas de seguridad y disturbios en centros penitenciarios.
La medida, anunciada por el presidente Bernardo Arévalo, busca restablecer el orden público y garantizar la seguridad ciudadana ante lo que el Ejecutivo calificó como una amenaza directa al Estado.
La declaratoria se produce tras una serie de ataques armados contra agentes de la Policía Nacional Civil, que dejaron varios efectivos muertos y heridos en distintos puntos del país, según confirmaron fuentes oficiales.
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Ataques coordinados encendieron las alarmas
A estos hechos se sumaron motines simultáneos en cárceles, presuntamente coordinados por líderes pandilleros, lo que encendió las alarmas en el sistema de seguridad nacional.
En un mensaje transmitido por cadena nacional, el mandatario aseguró que el Estado utilizará “todas las herramientas legales disponibles” para enfrentar a los grupos criminales.
Asimismo, anunció el despliegue conjunto del Ejército y la Policía en zonas consideradas de alto riesgo. Las autoridades sostienen que las acciones violentas buscan desestabilizar al Gobierno y presionar por beneficios carcelarios.
Alcances del estado de sitio
El estado de sitio, con una vigencia inicial de 30 días, permite la suspensión temporal de algunas garantías constitucionales, entre ellas el derecho de reunión y manifestación, además de habilitar detenciones preventivas en el marco de operativos de seguridad.
Como parte de las disposiciones inmediatas, el Ministerio de Educación anunció la suspensión preventiva de clases presenciales en varias regiones.
También se reforzó la vigilancia en carreteras, edificios públicos y centros urbanos estratégicos que pudieran estar dentro los objetivos de ataque.
Reacciones políticas y preocupación por derechos humanos
La decisión del Gobierno generó reacciones divididas en el ámbito político y social. Mientras sectores empresariales y alcaldes respaldaron la medida como necesaria para frenar la violencia.
Organizaciones de derechos humanos expresaron su preocupación por posibles abusos y pidieron controles estrictos durante su implementación.
El decreto deberá ser ratificado por el Congreso en los próximos días, en un escenario legislativo complejo que pondrá a prueba el respaldo político del Ejecutivo frente a una de las crisis de seguridad más severas de los últimos años.
Con información de CNN





