Hace años el New York Times publicó una lista de actuaciones memorables que, según los expertos, rozaban la perfección. En la lista figuraban Mery Streep y Marlon Brandon, entre otros grandes intérpretes. Para elaborar esta selección, no se tomaron de manera exclusiva los premios obtenidos: los criterios incluyeron autenticidad en la interpretación, impacto emocional en el público y la capacidad de los actores para transformar el personaje, lo que permitió que el listado fuese profundo. El arte de actuar.
En La Butaca, hemos decidido realizar nuestra propia lista para rememorar algunas actuaciones que, desde nuestra perspectiva, han resultado especialmente impactantes. Es menester aclarar que esta selección parte de gustos personales, los cuales pueden diferir entre distintas personas. Por ello, no pretendemos que sea una lista objetiva ni definitiva.
Lejos de establecer un canon, la intención es invitar a quienes no conocen estas películas a descubrirlas, o bien, a quienes ya las han visto, a mirarlas nuevamente con otros ojos. Así, cada actuación mencionada se transforma en una oportunidad para disfrutar y reflexionar sobre el arte de actuar.
Vivien Leigh (Scarlett O´Hara) – Lo que el viento se llevó (1939)
En el cine de los años 30, las protagonistas femeninas tenían las imágenes en las películas de virtuosas, abnegadas o víctimas trágicas. La genialidad de la actriz inglesa fue en darle una capacidad interpretativa para sostener la empatía del público interpretando a una mujer que es manipuladora, egoísta, cruel y ciega a sus propios sentimientos. Vivien Leigh encara al personaje sin intentar suavizar estos defectos, al contrario, lo interpreta con ferocidad y una honestidad que incluso no logramos verificar la línea entre la actriz y el personaje. Me atrevo a decir que es un tour de force psicológico que sentó las bases para futuras interpretaciones femeninas del cine que vino después de Lo que el viento se llevó.
Un punto interesante es que Leigh dominaba la técnica teatral que la adaptó a la cámara. El uso de su mirada y las mínimas expresiones del rostro le permitían comunicar un diálogo interno constante. Ver a la actriz es ver como transmite desesperación y el cálculo frío que contradicen sus palabras.
Por este personaje, Vivien Leigh ganó el Premio Oscar a la mejor actriz en 1940, consolidando su estatus como una de las grandes actrices del siglo XX.
Peter Lorre (Hans Beckert) – M, el vampiro de Düsseldorf (1931)
El cine de aquellos años exponía a los villanos como figuras góticas, ridículas o monstruos literarios, como el Drácula o el Frankenstein, donde figuran como Bela Lugosi o Boris Karloff marcaron un estereotipo. Peter Lorre hizo algo atípico y aterrador, interpretó a un asesino en serie de niñas como un hombre común, patético y de aspecto inofensivo. Peter Lorre construyó un personaje que mantenía una compulsión psicológica que él mismo detesta. El actor presenta una maldad que no es calculada, sino una enfermedad mental paralizante. El cine de la época jamás había explotado estos matices, Peter Lorre lo hizo.
Peter Lorre le agrega a la interpretación un elemento aterrador, no el que se ve, sino el que se escucha, en la película aparece un silbido, melodía inspirada en la pieza En la gruta del rey de la montaña de Edvard Grieg, que es la antesala a la llegada de sus impulsos asesinos. Lorre maneja el tono de voz en susurros infantiles pasando a gritos agudos de desesperación, creando una actuación del retrato de la locura. No está de más en señalar, que esta actuación de alguna u otra manera definieron un estándar para las películas de corte psicológico por muchos años.
Barbara Stanwyck (Phyllis Dietrichson) – Perdición (1944)
Lo extraordinario de la actuación de Barbara Stanwyc es que diseñó desde cero lo que se conocería como la famosa femme fatale del cine negro. La interpretación maneja la frialdad absoluta de contención, una técnica que rompía con el modelo del teatro llevado al cine, para comprender la interpretación el contexto de la época es importante que hablemos de que el melodrama se encontraba en su apogeo. El personaje de Phyllis Dietrichson domina la escena, maneja la inmovilidad de manera aterradora, la actriz utiliza la economía de gestos llevándolo al punto de ser escalofriante. La actriz no transmite empatía en toda la película, es meticulosa incluso en el clímax de la historia, que se mantiene bajo una impronta de actuación implosiva (no explosiva), el peligro está ahí, pero se mantiene fuera de cualquier exceso.
A pesar de los años, sigue siendo una actuación que llega al límite de la perfección, la actriz es literalmente una serpiente que se despoja de cualquier romanticismo, toda la majestuosa actuación es manipulación pura y control. Hay un hecho que se repetirá en las próximas décadas con otras actuaciones, y es que una magistral interpretación no es una premiación absoluta. En el caso Stanwyck, no ganó el Oscar, pero los años han demostrado que la gélida maestría de la actriz transformó al cine, su interpretación sigue siendo un eco en estos tiempos, es un masterclass de cómo abordar un personaje, de llevarlo a otro nivel.
Henry Fonda (Tom Joad) – Las uvas de la ira (1940)
Si no han visto Las uvas de la ira, se están perdiendo de un clásico y de una actuación que incluso hoy en día es perfecta. Peter Fonda es un genio con esta interpretación, le dota al personaje un registro existencial y humano que conmueve, sobre todo porque el actor se despojó de toda superficialidad para darle cuerpo al personaje. No es solo el acento rural áspero, como arrastra las palabras y mantiene un rostro curtido por la vida, no es solo el caminar encorvado por lo que pesa la existencia. Peter Fonda desnuda desde lo emocional su interpretación, adelantada a su tiempo, sentando los fundamentos para un estilo de actuación duro. Esta interpretación dominó los años 70, Fonda lo hizo treinta años antes.
Peter Fonda hace un retrato de la indignación frente a la injusticia. No lo muestra como una caricatura o maniqueísmo para captar la atención del público, lo hace desde el hombre que es un observador silencioso y una olla de presión a punto de saltar por los aires. Es un grito silencioso por los marginados de siempre.
Volvemos al punto de las sorpresas, que no es nueva, pero si vieja en la historia de las premiaciones al Oscar, considerada uno de los errores más grande de la academia, la actuación de Fonda no ganó. Incluso, el mismo James Stewart que lo ganó por encima de él, confesaría que ese premio era para Peter Fonda. Sin embargo, la interpretación magistral, que no es un adjetivo vacío, ha transcendido las décadas. Salve al gran Peter Fonda y su Tom Joad, un símbolo de resistencia e integridad.
La lista continuará, faltan mucha tela que cortar en este humilde homenaje al séptimo arte y sus actores. Esta columna que es publicada por Indice24, está dedicada para todas aquellas personas que, como yo, amamos al cine.
Esta primera entrega se la dedico a los grandes cineastas venezolanos.
Gracias por leerme.
Héctor Badillo.
Director del Instituto Universitario de Seguros.
Director General de IUSRADIO.
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