En 2024, un tribunal canadiense condenó a una aerolínea a compensar a un pasajero por una tarifa que su asistente virtual había inventado. La empresa sostuvo que el asistente era responsable de sus propias palabras. El tribunal respondió que una compañía responde por toda la información que publica, la escriba una persona o un programa. El monto fue pequeño. La consecuencia, no. Desde ese día existe un riesgo nuevo, con sentencia, que las empresas van a querer transferir a alguien. Ese alguien es el seguro. Durante años el sector discutió la inteligencia artificial como herramienta propia. Se ha hablado mucho menos de ella como riesgo de los clientes, y ahí está, en mi opinión, la conversación más interesante de los próximos años.
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El riesgo que nadie tarifó
Las pólizas de responsabilidad civil, de errores y omisiones o de riesgo cibernético que hoy se venden en la región, en general, no mencionan la inteligencia artificial. Ese silencio tiene un efecto que pocos han medido: si un asegurado sufre un reclamo porque su asistente virtual dio una información equivocada, o porque su modelo de decisión discriminó a un cliente, es probable que la póliza responda, porque no lo excluye. El mercado ya conoce este fenómeno. Le pasó con el riesgo cibernético, que durante años vivió escondido dentro de coberturas que nunca lo contemplaron, y ordenar esa exposición tomó más de una década.
Con la inteligencia artificial la escala es distinta, porque el uso ya es masivo. En Brasil, la confederación de aseguradoras reportó este año que ocho de cada diez aseguradoras consultadas la tienen implementada, y es razonable suponer que sus clientes corporativos no van muy por detrás. Cada uno de esos despliegues es un asegurado con una exposición que hoy nadie le mide, ni él ni su aseguradora.
Lo que hicieron los mercados que van adelante
En los mercados de Estados Unidos y Londres la respuesta llegó en dos movimientos. El primero fue defensivo: los organismos que redactan los formularios estándar de pólizas publicaron exclusiones específicas para daños derivados de inteligencia artificial generativa, y algunas aseguradoras introdujeron exclusiones absolutas en sus coberturas de directores y de errores y omisiones. El segundo fue de oferta: aseguradores especializados del mercado de Londres y reaseguradores globales lanzaron pólizas afirmativas que cubren errores, alucinaciones y bajo desempeño de los modelos, algunas con estructura paramétrica, y una de las grandes consultoras internacionales estima que las primas mundiales de este ramo podrían crecer cerca del 80 por ciento anual hasta 2032.
Ninguno de los dos movimientos es malo en sí mismo. Excluir con claridad es más honesto que cubrir sin saberlo, y ofrecer cobertura afirmativa es la razón de existir del seguro. Lo contraproducente es no hacer ninguno de los dos, que es la situación de buena parte de nuestra región.
La dificultad, dicha con respeto
Suscribir este riesgo es difícil, y quienes lo miran con cautela tienen razones. No hay historia de siniestros, los modelos cambian con cada actualización y el daño puede ser difícil de atribuir. Nada de eso es nuevo. Lo mismo se decía del riesgo cibernético hace veinte años, y la respuesta que encontraron los pioneros fue suscribir con evidencia técnica en lugar de estadística: auditorías del modelo, pruebas de desempeño, controles sobre los datos, límites acotados y una definición precisa de qué es una falla.
Un camino posible para una aseguradora de la región
Creo que se puede empezar por tres cosas, en este orden. Primero, revisar la propia cartera de responsabilidad civil, errores y omisiones y riesgo cibernético para estimar cuánta exposición a inteligencia artificial se está cubriendo sin haberla tarifado, y decidir con claridad, frente a los asegurados, qué se cubre y qué no. Segundo, construir un endoso acotado para empresas que usan asistentes virtuales o modelos de decisión, con un socio técnico que audite y un reasegurador que acompañe, antes de pensar en una póliza independiente. Tercero, formar a los productores, porque serán ellos quienes reciban la pregunta del cliente el día que el primer caso local llegue a los diarios.
El seguro acompañó cada tecnología que cambió la economía: el vapor, la electricidad, el automóvil, internet. La inteligencia artificial es la siguiente, y esta vez la región tiene la oportunidad de no esperar a que el producto llegue hecho.Te puede interesar: ¿Estados Unidos se lleva el petróleo venezolano gratis?






