Un año antes, el número era distinto. La DANA de octubre de 2024 obligó al Consorcio de Compensación de Seguros a desembolsar más de 4.400 millones de euros en indemnizaciones — la mayor catástrofe natural en la historia del organismo. Muchos se preguntaban si las reservas aguantarían. Aguantaron. El Consorcio de Compensación de Seguros cerró 2025 con un excedente de actividad consolidado de 801,8 millones de euros, frente al resultado negativo de 3.518,9 millones de 2024. El ratio de siniestralidad cayó del 445,3% al 79,3%.
Las reservas de estabilización llegaron a los 7.983,99 millones de euros al cierre de 2025, un 6,2% más que los 7.520,71 millones de 2024. Las reservas dedicadas a la actividad general crecieron un 5,8% y se sitúan en los 7.518 millones.
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Qué es el Consorcio y cómo funciona
El Consorcio de Compensación de Seguros es un organismo público español que cubre lo que las aseguradoras privadas no pueden o no quieren cubrir: los riesgos extraordinarios. Terremotos, inundaciones excepcionales, erupciones volcánicas, terrorismo, tumultos políticos. Cuando ocurre un desastre de esa magnitud y el asegurado tiene una póliza vigente, el Consorcio responde.
El sistema se financia con un recargo obligatorio que viene incluido en todas las pólizas de seguro que se contratan en España — entre 600 y 700 millones de euros anuales. Ese dinero va directo a las reservas, año tras año, sin importar si hay catástrofes o no. Cuando llega un evento grande — como la DANA de Valencia — el Consorcio tiene con qué responder.
La clave del modelo es la acumulación paciente. Durante décadas de años sin grandes catástrofes, las reservas crecen. Cuando llega el golpe, el sistema absorbe la pérdida sin colapsar.s

El número que lo dice todo
La Reserva de Estabilización Neta y Fondos del CCS aumentó un 6,4%, hasta los 10.864,5 millones de euros. Eso significa que el organismo tiene más de 10.000 millones disponibles para enfrentar catástrofes futuras — después de haber pagado más de 4.400 millones en un solo año por la DANA.
Ese colchón es el resultado de décadas de política de reservas prudente. No de un año excepcional, sino de una decisión estructural: guardar más de lo que se gasta en años buenos para tener con qué responder en los años malos.
Por qué América Latina no tiene algo así — y lo necesita más que España
La respuesta es incómoda pero directa: porque construir ese tipo de reservas requiere décadas de estabilidad institucional, inflación controlada y disciplina fiscal que la mayoría de los países de la región no han podido sostener de forma continua.
El terremoto de Venezuela del 24 de junio dejó 19.600 millones de dólares en daños con el 94% de los inmuebles sin cobertura. En México, el terremoto de 2017 tuvo un costo asegurado de apenas 2.000 millones de dólares sobre un total de daños de 8.000 millones. En Chile, que tiene el mercado asegurador más desarrollado de la región, el terremoto de 2010 mostró que incluso allí la brecha de protección era enorme.
El Caribe tiene el CCRIF, un fondo paramétrico regional para gobiernos que funciona bien pero que no cubre a los ciudadanos directamente. En el resto de América Latina, no existe un mecanismo equivalente al Consorcio de Compensación de Seguros que garantice indemnización al asegurado cuando la catástrofe supera la capacidad del mercado privado.s
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Mientras tanto, el cambio climático multiplica la frecuencia e intensidad de los eventos extremos en toda la región. La brecha entre lo que ocurre y lo que se puede cubrir no se está cerrando. Se está ampliando.
La información surge del Informe Anual 2025 del Consorcio de Compensación de Seguros e INESE




