En un país como Argentina donde el fútbol domina la escena deportiva, la historia de Jacinto «Peto» Cipriota parece ir a contramano. Pero no es casualidad. Detrás hay años de formación, viajes, intentos y una convicción que empezó a construirse desde muy chico. El propio Jacinto «Peto» Cipriota lo explica con claridad: su camino en el béisbol nació mucho antes de pensar en una carrera profesional.
“Yo veía que otros firmaban y pensaba: ¿por qué yo no?”
“El gran sueño mío como beisbolista nace sin duda de mi papá, que fue el primero que me contagió la pasión por este deporte. Él jugaba, era muy apasionado, y de chiquito prácticamente empecé a jugar al softball. Gracias a amigos que tenía y a Eduardo Breque, que era su manager, me recomendaron probar también en béisbol”.
Ese primer contacto lo llevó al club Daom y a combinar ambas disciplinas. Pero el punto de quiebre llegó más adelante, cuando empezó a ver que había un camino posible.
“Entrenaba con Amaro Costa, que fue representante de muchos argentinos que firmaron en ligas menores. Yo veía cómo otros jugadores firmaban contratos y por dentro decía: ‘si ellos pueden, ¿por qué yo no?’. Entonces entrenaba todos los días lo que pedían los scouts: correr, tirar desde el shortstop, batear. Hasta que en uno de los tryouts con Tampa Bay me ofrecieron firmar. Ese fue el momento soñado”.

Un deporte que forma dentro y fuera de la cancha
Ese recorrido no solo lo formó como jugador, sino también como persona. Para Jacinto «Peto» Cipriota, el valor del béisbol trasciende el resultado.
“Te enseña a enfocarte en lo importante”
“Primero porque estás haciendo una actividad física, te distraés de la tecnología y de la realidad. No importa el país donde vivas ni lo que esté pasando, te hace concentrarte en tus amigos, en disfrutar el momento, en ser feliz y en jugar en equipo”.
Pero hay algo más profundo.
“Los valores que te da este deporte son herramientas para desenvolverte en la vida. Te da amigos, te hace conocer lugares, aprender idiomas. Es un viaje de ida”.
El lugar del béisbol en un país futbolero
El crecimiento del béisbol en Argentina convive con una realidad evidente: el fútbol ocupa casi todo el espacio cultural. Sin embargo, Jacinto Cipriota no lo ve como una barrera.

“No queremos cambiar la cultura, queremos crecer”
“Que los argentinos sean apasionados del fútbol no va a cambiar nunca, y nosotros no luchamos contra eso. También somos fanáticos de la selección y de Messi”.
Lejos de la confrontación, su mirada apunta a la convivencia.
“Queremos que nuestro deporte crezca, que la gente empiece a jugarlo más y que se profesionalice. Es un deporte espectacular que no tiene nada en contra del fútbol. Se juega en toda América, en Europa, en Asia… por algo será”.
Incluso deja una reflexión sobre el retroceso estructural.
“Antes clubes como River, Boca o Independiente tenían béisbol y fueron sacando el deporte. Por lo menos, que no lo eliminen. Queremos que crezca y que más gente lo practique”.
El aprendizaje más difícil: aceptar el error
Si hay algo que define al béisbol es su relación con el error. Y en ese punto, Jacinto Cipriota es contundente.
“El fracaso es lo que más te hace crecer”
“Uno usa el fallo como apalancamiento, lo hace crecer mucho más. Los mejores jugadores son los que saben levantarse lo antes posible después de fallar”.
Para explicarlo, recurre incluso a ejemplos de otros deportes.
“Djokovic decía que su diferencia está en cómo se recupera después de perder un punto. Federer también hablaba de lo mucho que se falla. Eso es lo más valioso: la capacidad de levantarse”.
En el béisbol, esa lógica es constante.
“Es un deporte que te obliga a ser fuerte, a ser resiliente. Cuando sos chico te frustrás, tirás cosas, pero después entendés que el error es necesario. Aprendés a enfocarte en lo que podés controlar y a aceptar lo que no”.
La presión y el control emocional
Con el tiempo, también llegó otro aprendizaje clave: la gestión de las emociones.
“Si te dejás llevar por la presión, bloqueás tu talento”
“Fui desarrollando una actitud más fuerte para poder distanciarme de las emociones. Cuando era más chico me costaba mucho más”.
Ese proceso cambió su forma de competir.
“Aprendí a dejar la presión externa de lado y a competir contra mí mismo. A enfocarme en ser mejor cada día, dentro y fuera de la cancha. Cuando hacés eso, empezás a disfrutar mucho más el juego”.
El impacto del béisbol en la región
La consagración de Venezuela en el Clásico Mundial también dejó huella en el béisbol sudamericano, y Jacinto Cipriota lo vivió de cerca.
“Es imposible no alegrarse por ellos”
“Me generó mucho orgullo, primero por ser un país latino y porque tengo muchos amigos venezolanos. Viví allá cuando jugué con Tampa Bay, sé lo que es su realidad”.
La emoción es también personal.
“Es una mezcla de admiración y felicidad. Se lo merecen por el talento que siempre demostraron. Y todo eso suma para la región, también nos beneficia”.
El gran desafío: construir estructura
Más allá de las emociones, el diagnóstico sobre el béisbol argentino es claro.
“Lo que nos falta es competencia”
“Necesitamos una liga profesional atractiva, donde vengan jugadores de nivel y se juegue la mayor cantidad de partidos posible. Eso es lo que hace mejorar a los jugadores”.
Para Jacinto Cipriota, no hay atajos.
“Mientras más nos acerquemos a ese nivel de competencia, más vamos a crecer. Hoy torneos como la Serie de las Américas ayudan mucho a empujar el nivel hacia arriba”.
Generar futuro para los que vienen
El crecimiento también depende de las nuevas generaciones. Y ahí, la clave vuelve a ser estructural.
“Los chicos necesitan ver que hay un camino”
“Si no hay una liga profesional, con sponsor, con show, con jugadores de nivel, los chicos no ven futuro. Les gusta el deporte, pero no encuentran un motivo para seguir”.
La comparación es inevitable.
“Todos quieren ser Messi porque ven lo que genera. En el béisbol todavía no pasa eso en Argentina. Hay que construir ese escenario”.
El final de una etapa, sin perder la pasión
A los 38 años, Jacinto Cipriota transita una etapa distinta, más consciente del paso del tiempo.
“Estoy disfrutando cada día dentro de la cancha”
“Sé que estoy en mis últimos años como deportista, así que trato de disfrutar, de manejar los dolores y de transmitir la experiencia a los más chicos”.
El futuro todavía está abierto.
“Más adelante veré si sigo como coach o manager, pero hoy sigo comprometido con ser jugador y representar a mi club y a mi país”.
La huella que queda
Al final, la conversación se aleja de lo deportivo y se acerca a lo humano.
“Uno no puede controlar lo que los demás van a decir”
“Habrá gente que hable bien y otra que hable mal. Me enfoco en crecer como persona, en aprender y en dar lo que quiero recibir”.
Y deja una idea que resume todo.
“Después, cada uno sacará su propia conclusión”.





