Una revuelta popular lo obligó a huir
El presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, abandonó el país en un avión militar francés en medio de una ola de protestas y un creciente levantamiento militar que puso en jaque a su gobierno. El hecho ocurrió este domingo.
La crisis, considerada la más grave en más de una década, estalló tras semanas de manifestaciones encabezadas por jóvenes de la llamada Generación Z, que exigían la renuncia del mandatario y denunciaban la corrupción, la pobreza estructural y el colapso de los servicios públicos.
Según medios internacionales, la salida de Rajoelina se concretó el domingo gracias a un acuerdo con Francia, país que habría facilitado su evacuación ante la pérdida de control político y militar en la capital, Antananarivo.
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Crisis política y ruptura militar en Madagascar
La decisión se produjo pocas horas después de que una unidad de élite del ejército, conocida como CAPSAT, se uniera a los manifestantes y rechazara las órdenes de reprimir las protestas.
Este hecho marcó un punto de quiebre en la lealtad castrense y precipitó la huida del presidente.
El origen del conflicto se remonta a finales de septiembre, cuando cortes prolongados de agua y electricidad generaron un profundo malestar social.
Lo que comenzó como un reclamo por la falta de servicios básicos se transformó rápidamente en un movimiento nacional contra el gobierno, canalizado principalmente a través de redes sociales por jóvenes organizados bajo la consigna de la Generación Z de Madagascar.
Con el correr de los días, las marchas se intensificaron y derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, dejando al menos 22 muertos según estimaciones de Naciones Unidas.
Incertidumbre nacional e internacional
A pesar de su partida, aseguró que no ha renunciado a la presidencia y llamó al diálogo nacional para “restaurar el orden constitucional”.
Sin embargo, su ausencia ha generado un vacío de poder y una creciente incertidumbre sobre la continuidad institucional.
Francia, por su parte, se limitó a declarar que “es fundamental preservar el orden constitucional y garantizar la estabilidad de Madagascar”, evitando confirmar su participación directa en la evacuación del mandatario.
Mientras tanto, organismos internacionales y líderes regionales instan a una transición pacífica que evite un nuevo ciclo de violencia política en la isla africana.
La llamada revuelta de la Generación Z se ha convertido en un símbolo de resistencia juvenil frente a los abusos del poder, marcando un antes y un después en la política malgache.
Con un gobierno en fuga y un país en ebullición, el futuro de Madagascar parece hoy incierto, en una nación que vuelve a debatirse entre la esperanza de un cambio democrático y el riesgo de una nueva crisis institucional.
Con información de Infobae





