19.600 millones de dólares. Ese es el estimado del Banco Mundial sobre los daños físicos directos que dejaron los terremotos del 24 de junio en Venezuela. El organismo advirtió que una reconstrucción lenta podría frenar la recuperación económica del país durante la próxima década. Pero antes de hablar de reconstrucción hay una pregunta más básica: ¿quién paga?. La respuesta de la Cámara de Aseguradores de Venezuela es contundente: casi nadie. El 94% de los inmuebles afectados no tenía ningún tipo de cobertura. Los seguros en La Guaira Venezuela no desaparecieron con el terremoto. Desaparecieron mucho antes.
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Lo que quedó en pie y lo que no
Seguros en La Guaira Venezuela: al menos 43.679 viviendas han sido evaluadas tras los terremotos. De un total de 41.624 viviendas afectadas, hay 25.325 habitables — marcadas en verde —, 9.866 restringidas — en amarillo — y 6.433 en alto riesgo — en rojo.
El gobernador Alejandro Terán informó que están rehabilitando 3.938 viviendas calificadas con alerta amarilla — daños en mampostería, no estructurales — y que más de 12.000 familias permanecen en 28 campamentos transitorios habilitados para los damnificados.
190 edificios quedaron completamente destruidos. Ya arrancó la primera demolición controlada en La Guaira y comenzó la construcción de 1.875 viviendas de emergencia. Pero la escala del daño supera con creces esa respuesta inicial. UNICEF calculó que unas 470.000 personas requieren apoyo directo, entre ellas 169.000 menores de edad.s

Por qué el 94% no tenía seguro
La pregunta tiene una respuesta que no es coyuntural. No es solo que la gente no pudo pagar una póliza. Es que en Venezuela el mercado asegurador se fue vaciando durante años hasta quedar reducido a una fracción mínima de lo que fue.
Yanior Ochoa, presidente de Asesores La Seguridad, explicó que solo el 6% de la población venezolana está asegurada. Y las pólizas de quienes sí tenían cobertura excluían el terremoto en sus condiciones generales — lo catalogaban como fuerza mayor no cubierta.
Esa exclusión no es un capricho. Los riesgos catastróficos — terremotos, inundaciones masivas, huracanes — se manejan con instrumentos específicos que requieren reservas técnicas enormes. En un mercado donde la hiperinflación destruyó el valor real de las primas durante años y donde el poder adquisitivo cayó sostenidamente, construir esas reservas fue imposible. Los productos de hogar contra sismo desaparecieron de la oferta práctica. Y cuando llegó el terremoto, los seguros en La Guaira Venezuela simplemente no estaban.
La respuesta del Estado: obligar a pagar lo que no estaba en el contrato
Cuando el polvo todavía no se había asentado, la Superintendencia de la Actividad Aseguradora — Sudeaseg — emitió la circular SAA-01-0137-2026, instruyendo a las empresas de seguros y medicina prepagada a no aplicar las cláusulas de exclusión relativas a desastres naturales, eventos catastróficos o terremotos. La instrucción fue clara: procesar y dar cobertura total a los siniestros en materia de salud y asistencia médica.
En el ramo de salud, la medida funcionó parcialmente. Las aseguradoras de HCM comenzaron a atender casos de trauma y emergencias vinculadas al sismo aunque sus pólizas los excluían formalmente. Fue una decisión de emergencia, no una reforma estructural.
En el ramo de vivienda, la circular no tuvo el mismo alcance. Los contratos directamente no incluían coberturas de hogar contra sismos. No había cláusula que levantar porque no había póliza. El 94% de los inmuebles afectados no tenía ningún papel firmado con ninguna aseguradora.
Quién paga la reconstrucción
La respuesta internacional llegó, pero no alcanza. Venezuela obtuvo 346 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, fondos prometidos para la reconstrucción. Estados Unidos anunció 300 millones en ayuda financiera. Una ONG chilena recaudó más de 400.000 dólares para construir 200 viviendas. El Banco Mundial y el PNUD se desplegaron en La Guaira para supervisar evaluaciones técnicas.
Son cifras que suenan grandes pero que palidecen frente a los 19.600 millones en daños estimados. La brecha entre lo que se perdió y lo que llegará es la medida exacta de lo que el mercado asegurador no estaba en condiciones de cubrir.
Lo que viene: reconstruir sin seguros, con escombros y con lluvia
Las lluvias estacionales aumentaron el riesgo de deslaves en laderas debilitadas por los sismos. Las organizaciones ambientales insistieron en que la reconstrucción debe contemplar la reducción de riesgos futuros y evitar el reasentamiento en zonas propensas a desastres.
En el municipio Juan José Mora del estado Carabobo, el gobierno inició la construcción de viviendas con materiales antisísmicos de 72 metros cuadrados. La Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad realizó 39.787 inspecciones con 2.900 inspectores desplegados.
Lo que los números confirman es que La Guaira va a reconstruirse sin el instrumento que en cualquier otro país absorbería buena parte del golpe. Sin seguros de hogar que paguen, sin reaseguro internacional que respalde, sin fondos catastróficos que funcionen. Con ayuda del Estado, con solidaridad internacional y con familias que perdieron todo y empiezan de cero.
La información surge de Banco Mundial y UNICEF (agosto de 2026).




