Lo que parece confiable en redes puede costarte caro
En el cuento de Blancanieves, la amenaza no llega con apariencia de peligro. Aparece disfrazada de algo atractivo. Una simple manzana roja, perfecta, ofrecida con amabilidad. El engaño funciona porque parece inofensivo. Ese mismo principio sigue vigente hoy, aunque el escenario haya cambiado.
Muchos usuarios confían en influencers para tomar decisiones sobre seguros o finanzas. Videos atractivos, historias convincentes y mensajes seguros generan una sensación de confianza. La presentación es impecable, pero en muchos casos no existe sustento real ni protección efectiva.
Se ha normalizado que tener muchos seguidores equivalga a experiencia. Un creador con cientos de miles de seguidores puede parecer más confiable que alguien con décadas trabajando en seguros o inversiones. Cuando hay dinero, salud o decisiones importantes en juego, la popularidad no garantiza nada.
La ilusión de la autoridad digital
En redes sociales cualquiera puede presentarse como experto. Un influencer puede explicar coberturas, pólizas o productos financieros con la misma naturalidad con la que recomienda un restaurante o un destino turístico. El contenido entretiene y conecta, pero eso no lo convierte en información fiable ni en asesoramiento responsable.
Las empresas también han contribuido a esta dinámica. En lugar de explicar productos complejos con claridad, muchas optan por el atajo de la fama digital. Videos bien producidos y mensajes simples generan likes, comentarios y reproducciones. Todo parece convincente, pero eso no asegura que las personas comprendan lo que contratan ni si sus decisiones realmente las protegen.
El problema se vuelve evidente cuando el espectáculo reemplaza al criterio. Personas contratan seguros que no cubren lo esencial o siguen recomendaciones financieras que terminan en pérdidas. Según datos citados por Bloomberg, cerca del 89 % de quienes siguen recomendaciones financieras de influencers pierden dinero. En muchos casos, el influencer ya cobró su campaña, la marca obtuvo visibilidad y el público se queda con las consecuencias.
Cuando la manzana parece perfecta
La historia del cuento es sencilla. Blancanieves no cae por maldad, sino por confianza. La manzana parece inofensiva hasta que ya es demasiado tarde. En el entorno digital ocurre algo parecido. Lo que se presenta como consejo puede ser solo promoción disfrazada, mientras que lo que parece información muchas veces es simple marketing.
El problema es que ese engaño rara vez se percibe a tiempo. La estética, la cercanía y el tono informal generan una falsa sensación de autoridad. Muchos usuarios terminan tomando decisiones sobre seguros o inversiones basándose en recomendaciones que en realidad forman parte de una campaña pagada.
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Este modelo empieza a encontrar límites. Algunos países comienzan a cuestionar el impacto de esta desinformación en sectores sensibles. China, por ejemplo, exige certificaciones profesionales a quienes hablen públicamente sobre seguros, finanzas, salud y otras áreas sensibles. La medida busca frenar la difusión de información sin respaldo y devolver peso a quienes realmente tienen conocimiento en estos temas. La popularidad digital, por sí sola, ya no basta para presentarse como experto.
Otras regiones podrían seguir un camino similar. No será inmediato ni sencillo, pero responde a una preocupación creciente. La información incorrecta puede provocar daños reales cuando se presenta como consejo profesional.
El viejo truco de la manzana envenenada sigue funcionando porque el engaño casi siempre se presenta de forma atractiva. En redes sociales ocurre lo mismo. La diferencia es que, en lugar de un cuento, las consecuencias pueden afectar el dinero, la seguridad y el futuro de quienes confían sin cuestionar.
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